Lo confieso. Sufro de empacho digital. Auto diagnosticado, por supuesto. No están las cosas como para ir al hospital en plena pandemia corona vírica.

En esta superada ya cuarentena (en días, no me entiendan ustedes mal y terminen por hacerse prematuras ilusiones de desconfinamiento), el atasco ya no está en las calles sino en las redes, infladas de contenido, entrevistas virtuales, conferencias vía zoom, cursos on-line y directos de Instagram. Con tanta oferta una acaba por sobresaturarse y hasta por experimentar cierta dosis de ansiedad.

Está claro que nos encontramos ante la antesala de un nuevo paradigma mundial: económico, laboral, cultural, social, educativo y también comunicativo. Los que tenemos la suerte de permanecer libres de COVID-19 contemplamos atónitos el despertar de cientos de gurús dispuestos a entrar en nuestras casas a través de la pantalla de nuestro televisor o nuestros dispositivos móviles. Algunos son verdaderos expertos en su materia, otros parecen experimentar el llamado efecto Dunning-Kruger, un sesgo cognitivo según el cual las personas poco o menos preparadas tienden a sobreestimar sus capacidades y conocimientos e incluso se permiten opinar sentando cátedra y ojo! reconozco que en estos tiempos en los que buscamos respuestas, también tienen su público.

Y luego están los team meetings o reuniones de trabajo online. ¡Quien nos iba a decir hace unas semanas que tendríamos esa vista del comedor del jefe, la pared empapelada con motivos florares del compañero de contabilidad, la lámpara art decó que cuelga del techo del de comercial o la estantería (por cierto, qué abigarrada!) del director/a de área.

Los programas de televisión también han sustituido a los tertulianos de plató por colaboradores desde casa (manda la distancia social y el sentido común) y hasta nosotros mismos comenzamos a quedar por vídeo llamada para tomar el aperitivo con la familia y los amigos, tal es nuestra ansia de contacto. Incluso las casas reales europeas felicitan por vídeoconferencia ( en este caso a Margarita de Dinamarca, por su 80 cumpleaños)

Seguir conectados, comunicarnos con los demás se convierte en una necesidad ( ya sea por motivos personales o profesionales) y a falta de poder hacerlo físicamente, la modalidad online se erige como la mejor ( y casi única) alternativa posible. Por eso y a la vista de que nuestra presencia seguirá siendo digital, (impera el teletrabajo, las entrevistas televisivas por skype, y las reuniones vía houseparty), es importante cuidar los detalles y familiarizarnos con las nuevas tecnologías y los medios audiovisuales. Como apuntó Paul Watzlawich: “Es imposible no comunicar”, o dicho de otro modo, todo, absolutamente todo comunica.

La redes está plagada de memes y momentos embarazos que se viralizan por culpa de algún descuido. Todos recordamos el del profesor de ciencias políticas, Robert Kelly quien mientras era entrevistado por la BBC tardó en percatarse de que entraba en la habitación su hija pequeña moviendo los brazosy  seguida de su otro retoño (éste en andador) hasta que llegó su mujer al rescate, protagonizando una hilarante escena que corrió como la pólvora por Internet.

Sin ir más lejos, durante esta cuarentena, y también en la televisión británica, le ocurrió lo mismo al portavoz laborista en materia de salud, Jonhathan Ashowrth

 

No siempre estas interrupciones tienen su gracia, aunque para bochornosa y divertida, esta otra difundida por TikTOK. Imaginen la situación: chica delante de su ordenador asistiendo a una videoconferencia de trabajo. Su pareja en ropa interior aparece para preguntarle algo, ella le hace una señal para que se vaya y él en su huida choca contra la pared.

2.500 millones de personas confinadas en el mundo están usando aplicaciones digitales para adaptarse a la “nueva normalidad”, de ahí la indigestión digital a la que me refería al principio.  Sin duda, el confinamiento está ya marcando un antes y un después en nuestras costumbres sociales y en la forma de comunicarnos con los demás ( otro día hablaremos de cómo nos afecta la falta de contacto físico). Por eso, y a la vista de que el futuro pasa inevitablemente por la conexión digital es importante tener siempre presente algunas pautas:

1-Antes de encender la cámara del ordenador o del dispositivo móvil, asegúrate de que el plano que has elegido es el correcto.

Ni muy abierto ni muy cerrado. Cuidado con los contrapicados, esos planos en los que se te ve desde abajo y aparecen como protagonistas tus orificios nasales o tu incipiente papada. Lo que mejor funciona es un plano que permita ver al menos tus hombros e incluso parte de tu torso. En caso de utilizar un ordenador, puedes ayudarte de unos cuantos libros para elevarlo y conseguir el encuadre deseado. Recuerda que si tu rostro aparece cortado( por arriba o por abajo) estás demasiado cerca del objetivo.

2- Muestra tus manos.

Lo ideal, si se trata de una reunión de trabajo o de impartir una masterclass, es que puedan verse tus manos. Desde el punto de vista de la comunicación no verbal las manos transmiten mucha información. Siempre es mejor mantenerlas a la vista del interlocutor. Su inconsciente interpretará este gesto como una señal de que no tienes nada que ocultar. Además acompañar tu discurso con la gesticulación de tus manos es un recurso comunicativo que permite que tu mensaje se entienda y llegue mejor. Eso sí, no gesticules tapándote la cara o elevando tus manos por encima de tu cuello. Transmitirás sensación de nerviosismo o descontrol.

3- Mira al objetivo de la cámara cuando estás hablando.

Nada de desviar la mirada para ver qué tal das en plano. El contacto visual es fundamental para crear conexión. En esta ocasión es como si ese puntito del ordenador fuera tu interlocutor. Es la mejor manera para genera cercanía. En caso de que haya más participantes durante la video conferencia, es importante que no los pierdas de vista. Cualquier mueca o gesto facial que realicen te dará pistas sobre su estado emocional y sus reacciones a lo que estás contando. Aprovecha para dirigirte a ellos (y si es por su nombre, mejor) si observas algún cambio que te llame la atención. Con ello demostrarás que estás interesado y pendiente en todo momento.

4- Cuida el decorado, tu vestuario, incluso tu maquillaje.

Busca un fondo neutro, una pared no excesivamente recargada, una librería (el fondo estrella en esta cuarentena). No olvides que lo importante eres tú y tu mensaje. No obstante, los seres humanos somos curiosos por naturaleza, así que más de uno aprovechará para fijarse en cómo tienes decorada tu habitación. Por eso, cualquier elemento que pueda distraer en exceso se convierte en un potencial enemigo comunicativo. Recuerda que todo comunica y en esta ocasión, la primera impresión, esa que nuestro cerebro lleva a cabo en menos de 100 milisegundos, está también influenciada por el escenario que estás mostrando. También por la ropa que decides llevar puesta. Nada de colores demasiado estridentes, o estampados exagerados si estás en una vídeo llamada de trabajo. Acicálate un poco para dar una buena imagen. Y eso implica también cuidar tu cabello y hasta maquillarte ( sobretodo si eres el protagonista de una entrevista por televisión o participas en una reunión de trabajo)

5- Atención a la iluminación.

Por supuesto nada de ponerte a contraluz. Lo ideal es contar con un set de luces extra que te iluminen el rostro y maticen las sombras que pudieran aparecer. Un simple anillo de luz (los hay muy económicos en el mercado) o un foco bien colocado puede serte de ayuda.

6- Vigila tu postura corporal.

Recuerda que la postura también es un canal comunicativo muy importante. Nada de posturas contraídas, que transmiten falta de compromiso o desgana. Tampoco repantigarse en la silla o el sofá. Busca una posición que te resulte cómoda y con la que transmitas interés. El lenguaje corporal que proyectes no solo influirá en la respuesta de tu interlocutor sino que también mandará un mensaje a tu cerebro y puede incluso modificar tu estado emocional, como apuntan muchos estudios científicos. Evita, además, los gestos adaptadores (entre ellos, tocarte mucho la cara, o el pelo o jugar con objetos que tengas cerca: un bolígrafo, el anillo, etc. Distraen y potencian tu posible ansiedad por mucho que los utilices de manera inconscientes para calmarte)

7-Maneja tu prosodia emocional.

Tu voz comunica, transmite emociones. Cuida el tono, la modulación. No te aceleres al tomar la palabra, ni alces en exceso el volumen de tu voz. Juega con las pausas y los silencios y enfatiza aquellas partes de tu discurso que quieres resaltar. Escucha y maneja los tiempos a la hora de responder. (No hay nada más incómodo y estresante que hablar todos a la vez)

8-Estate presente.

Nada de hacer varias cosas al mismo tiempo o tener más pantallas abiertas que no tienen nada que ver con el objeto de tu reunión. Huye del multitasking, porque podría distraerte y esa falta de atención es fácilmente observable por los demás y proyecta desinterés por tu parte.

8-Muestra una expresión afable.

O lo que es lo mismo: evita fruncir el ceño o mostrarte excesivamente serio. Tu rostro es tu carta de presentación y a nadie le gusta tener enfrente una cara enfadada o excesivamente tensa. Aprovecha cuando estés escuchando para sonreír y asentir con la cabeza. El cerebro humano se siente atraído por las caras amables. No en vano es capaz de ver una cara sonriente hasta a 25 metros de distancia. Si quieres que te recuerden, mejor transmitir emociones positivas.

Nadie se atreve a aventurar cómo serán nuestras relaciones sociales en un futuro cercano. Lo que sí es seguro es que seguiremos necesitando mantenernos conectados. Una vez superado este empacho de reuniones virtuales ( los expertos alertan ya sobre el aumento de episodios de angustias y agotamiento por este tema) nos iremos acostumbrando ( mejor o peor) a la nueva realidad. Eso sí, somos seres sociales por naturaleza y yo no sé ustedes, pero yo echo ya en falta una conversación cara a cara, sin aparatitos digitales de por medio.

 

“De todos los inventos para la comunicación en masa, las imágenes aún hablan el lenguaje universal más entendido.”  Walt Disney