Les propongo que dejemos a un lado la manida frase de “la cara es el espejo del alma” (que algunos atribuyen al poeta chino Du Fu) y nos centremos en cuestiones más mundanas, como, por ejemplo, descubrir porque unas caras nos resultan más atractivas que otras. ¿Existe un canon universal de belleza facial?, ¿qué mecanismo se desencadena en nosotros para etiquetar al prójimo como guapo o feo?

La ciencia, una vez más, nos da la respuesta. Tendemos a juzgar, de manera inconsciente, a todo aquel que se cruza en nuestro camino y su aspecto físico influye en la “etiqueta final” que le colocamos. Una tarea que realizamos, según Alexander Todorov, de la Universidad de Princeton, en menos de 100 milisegundos, ¡vamos lo que dura un parpadeo!

El rostro es la parte del cuerpo que más llama la atención a nuestro cerebro, por una cuestión de supervivencia y también de afiliación. Y es que,  estamos programados genéticamente para ver e interpretar las caras de los demás, a no ser, eso sí, que padezca usted de prosopagnosia, un raro trastorno de “ceguera facial” que dificulta el reconocer los rostros familiares e incluso el propio, como le ocurría al ya fallecido neurólogo Oliver Sacks

Los rasgos faciales que más gustan: simétricos y algo más 

Los estudios señalan que no solo la apariencia facial influye en que alguien nos vea como más dominantes, creíbles o competentes, -y ahí les dejo este conocido estudio de la Universidad de York– sino que, a la hora de resultar más atractivos, la cara “más bonita” tiende a manifestar unos rasgos determinados.

 

A pesar de que la belleza es un concepto inherente a cada cultura, la simetría facial parece que juega un papel fundamental en todas las sociedades.

Cuánto más simétricos es el rostro más atractivo nos resulta.

Entre otras cosas porque desde una perspectiva biológico-evolutiva, la simetría facial es un “certificado de salud”, algo así como un sello de calidad genética que nos indica el buen estado de del que goza la otra persona, su buena adaptación al medio e incluso su buena capacidad de “procrear” una mejor descendencia.

Ese es el motivo por el cual nuestro instinto natural hace que nos decantemos por esa cara “sana”. Por supuesto no existe un rostro simétrico cien por cien, en el que el lado izquierdo y derecho sean iguales, pero el cerebro humano lo lee como si tuvieran similares proporciones.

Tal vez por esto, el uso de las mascarillas ha hecho que, en estos tiempos pandémicos, todos seamos percibidos como más guapos. Al ocultar tres cuartas partes del rostro, el cerebro rellena los huecos que no puede ver y tiende a atribuirles una simetría en los rasgos faciales, quizá inexistente. Es lo que se comprobó en el estudio realizado este pasado mes de agosto en la Universidad de Pensilvania, en el que 496 personas tuvieron que evaluar el atractivo de hombres y mujeres a través de 60 fotografías, como estas, en las que aparecían con y sin mascarilla. ¿Se atreven a dar su opinión?

Cuidado, porque la ingesta de alcohol también influye en la percepción facial.De ahí que con varias copas de más en el cuerpo todo el mundo nos parece que gana puntos extra en atractivo y belleza 

Más allá de la simetría, hay otros aspectos que también tenemos en cuenta. Nos atraen los
  • Rostros simétricos
  • Rostros promedio
  • Rostros familiares
  • Rostros alegres

Por un lado, preferimos los rostros convencionales, es decir, aquellos que no sobresalen del promedio y por otro, también aquellos que tienden a parecerse más a nosotros o a los que vemos con mayor asiduidad. 

Conclusión: la familiaridad de una cara puede ser igual o a veces incluso más importante que la simetría a la hora de valorar su atractivo. Es lo que desde la psicología se conoce como “el efecto de mera exposición” o “principio de familiaridad”. Un curioso fenómeno del que habló por primera vez el psicólogo norteamericano, R.B. Zajonc en 1968 y que viene a decirnos que cuanto más nos exponemos a un estímulo, más nos gusta. Y sino, haga memoria y recuerde aquella persona con la que mantiene ahora una relación constante en el tiempo y que al inicio de conocerla le pareció más fea más de lo que ahora le parece.

Y por supuesto, las caras alegres también nos atraen. A nadie le gusta pasar tiempo con alguien que mantiene permanentemente el ceño fruncido, achica los ojos y tiene cara de pocos amigos. De ahí que la preferencia por determinadas facciones faciales, no solo se circunscriba a contextos sexuales, sino que también juega su papel a la hora de buscar amigos o interrelacionarnos.

 

Mujeres ” muy femeninas” y hombres “barbudos”

Una cara de mujer nos resulta más atractiva en tanto en cuanto sea más femenina. Lo mismo ocurre en el caso de los hombres: la capacidad de atracción aumenta cuántos más rasgos masculinos presenta (mandíbula cuadrada, facciones fuertes), aunque un nuevo estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), señala que no por tener una cara muy masculina y atractiva se tienen mejores genes o se es mejor pareja.

¿Y qué pasa con la barba? Según diversos estudios, la ausencia o la prominencia de vello facial influye en la percepción del atractivo.

Estudio de cómo la barba afecta al reconocimiento emocional facial/ Autor:Barnaby J.W. Dixson.

En una investigación realizada en la University of New South Wales, Kensington, (Australia) las mujeres tendieron a juzgar los rostros masculinos con barba poblada como más atractivos y dominantes. Y no solo eso, entre las conclusiones de esta investigación se desprende que los hombres con barba son percibidos como mejores padres a la hora de proteger a su descendencia, pero también resultan más agresivos.

“Dentro de cada hombre bien afeitado, hay una barba que grita para que la dejen salir”, afirma el psicólogo Robert J. Pellegrini, quien se suma a la afirmación de que las barbas  son posiblemente una de las señales más obvias de masculinidad en los humanos.
Ahora, además, una nueva investigación de la Universidad de Nueva Inglaterra ha encontrado que el exceso o la falta de  vello facial afecta a la hora de reconocer las emociones que muestra dicho hombre en su rostro.

En cualquier caso, los rasgos faciales no son los únicos que determinan nuestro poder de atracción. La simetría del cuerpo también  influye en la percepción de la belleza, tanto en hombres como en mujeres La altura, por ejemplo, es un factor importante a la hora de valorar el atractivo masculino, mientras que, en el caso de las féminas, algunos  estudios apuntan a  que la relación cintura-cadera juegan un papel destacado.

NO hay duda. Preferimos la simetría en cualquier de sus formas: corporal y facial. De hecho, ya desde bien pequeños nos sentimos atraídos hacia las caras más simétricas y bonitas, sobretodo si los agraciados son de nuestra misma raza. Además de verlos como más atractivos y saludables también nos parecen más sociables y colaborativos, aunque en el fondo esto no sea más que  otro de nuestros inconscientes prejuicios sociales.

Y eso que a estas alturas todos sabemos que la belleza está en el interior…