El rostro es el principal indicador emocional y nuestras expresiones faciales reflejan cómo nos sentimos.

A través de la cara no solo nos identificamos los unos a los otros y proporcionamos información sobre nuestro género y edad, sino que también mostramos o tratamos de ocultar ( sustituyendo un gesto facial por otro) nuestro verdadero estado emocional.  Y todo ello lo hacemos activando determinados músculos faciales. De hecho, los humanos podemos realizar más de 10.000 expresiones faciales a través de los 44 músculos que tenemos en la cara. Algunas de ellas generan un gran impacto emocional en los demás y corresponden a una de estas  7 emociones básicas, tal y como señala el psicólogo Paul Ekman: ALEGRÍA, ENFADO, SORPRESA, MIEDO, ASCO, TRISTEZA Y DESPRECIO.

Pero, ¿qué va a a pasar a partir de ahora, cuando las mascarillas van a cubrir buena parte de nuestro rostro?

¿Seremos capaces de interpretar correctamente las emociones de los demás solo mirándoles a los ojos?.  

Te propongo el siguiente ejercicio. Observa la primera ilustración. ¿Te atreves a identificar que emoción se esconde detrás de la mascarilla?

Como habrás observado, la única fuente de información está en la parte superior del rostro, en los ojos y más concretamente en las cejas. ¿Están alzadas?, ¿fruncidas?, ¿encorvadas?.

Fíjate en qué si hay tristeza la parte interna de las mismas se eleva, formando una especie de ángulo invertido, o como si la cara es de enfado, tienden a juntarse y los ojos se entrecierran. En la sorpresa y el miedo se alzan, aunque con algún matiz importante. ¿Y qué me dices del asco y el desprecio?.

Aquí tienes la solución:

Aprendemos a leer, a reconocer y a fijarnos en  los rostros de los demás desde nuestra más tierna infancia. De hecho, un esquema simple de tres puntos aparentando dos ojos una boca es suficiente para captar la atención de los lactantes, según los estudios de la catedrática de psicología Stefanie Hönl, quien además apunta cómo las miradas afectan a a la actividad cerebral de los bebés.

El secreto está en las cejas!

Un ceño fruncido puede tener una doble lectura en función del contexto. Puede denotar agresividad, enfado peor también disgusto  o incluso concentración.

Elevarlas en exceso implica sorpresa o duda, pero no debemos olvidar que este movimiento también se produce cuando queremos enfatizar una palabra o incluso saludar.

Un dato curioso para terminar: en 2002 un equipo del Instituto Tecnológico de Massachussets comprobó que las cejas son la parte del rostro que más nos ayuda a identificar a los demás. En su experimento, presentaron dos fotografías del  expresidente norteamericano Richard Nixon y  otra de la actriz Winona Ryder.

En la primera borraron los ojos, en la segunda las cejas. ¿Imaginas en cuál de las dos les costó más reconocer a ambos personajes?. Efectivamente, tuvieron más dificultad cuando se suprimieron las cejas!

The role of eyebrows in face recognition – Scientific Figure on ResearchGate. Available from: https://www.researchgate.net/figure/Sample-stimuli-from-our-experiment-assessing-the-contribution-of-eyebrows-to-face_fig1_10776606 [accessed 7 May, 2020]

 

“Quién no sabe lo que busca, no entiende lo que encuentra”.

Claude Bernard