En cualquier carrera electoral que se precie, el debate electoral en televisión entre los candidatos se convierte en el momento más observado y comentado. Mucho ha llovido desde aquel primero entre Kennedy y Nixon en 1960 y si algo han aprendido los políticos en todo este tiempo es que para convencer a sus posibles electores han de cuidar su puesta en escena. La de anoche entre Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias no deparó excesivas sorpresas. Todo medido y comedido.

Indiscutiblemente los 4 candidatos tienen experiencia en estas lides y su comunicacion gestual estaba, al igual que su mensaje, muy ensayado y planificado, empezando por su apariencia.

 

En la foto de familia inicial, más allá de las caras sonrientes, observamos un look similar en los candidatos a excepción de Iglesias,  fiel a su estilo en mangas de camisa. El resto apostaron por traje de chaqueta oscuro y corbata, transmitiendo una imagen de seriedad y formalismo. A mi juicio los tres errores que observo son las manos en la espalda de Sánchez ( el no mostrarlas pudiera ser interpretado inconscientemente por el  observador como cierta falta de transparencia), los puños  cerrados de Rivera (escenificando la tensión del momento) y la mano izquierda dentro del bolsillo de Iglesias (demasiado relajado, como si pasara por allí..). Corporalmente ganó Casado en este “photocall político de plató” (postura erguida, brazos relajados a ambos lados del cuerpo, amplia sonrisa en su rostro).

Los nervios iniciales se han observado sobretodo al comienzo de sus intervenciones, con un Albert Rivera acelerado en el habla, un Pedro Sánchez sujetando con ambas manos el atril e igualmente con un ritmo muy rápido al hablar. Casado también ha cometido alguna equivocación pero ha mantenido un buen tono, mientras que de Pablo Iglesias llama la atención que se limitara a gesticular con una mano, escondiendo la otra en el bolsillo, lo que le resta confianza.

A nivel de Comunicación no verbal los cuatro candidatos han proyectado la imagen que querían y se han apreciado dos modelos muy diferentes: uno más comedido, el de Casado e Iglesias, mientras que hemos visto a un Rivera muy combativo en algunos momentos y a un Pedro Sánchez que a medida que el debate avanzaba se volvía más defensivo y firme en su discurso. En general han estado más contenidos en el plató que en sus mítines y ninguno ha abusado de gestos agresivos o displicentes.

 

PABLO CASADO

Trató de proyectar una imagen presidencialista y menos belicosa. Lo vemos en su lenguaje corporal mesurado, un tono de voz y una cadencia muy cuidada y moderadamente calculada, utilizando a conciencia gestos ilustradores con los que reforzar sus palabras. Su manera de liberar tensión ha sido a través de esos pequeños “pellizcos” que realizaba con los dedos de una mano contra los de la otra. Y en los momentos más críticos, cuando Sánchez le ha presionado con el tema de la violencia  machista, su gestualidad se ha paralizado dejando entrever su incomodidad y su bloqueo emocional.

PEDRO SÁNCHEZ

 

Institucional al comienzo y defensivo en la segunda parte del debate. Llevaba un guión muy preparado y ensayado. Más pausado al inicio del debate, su comunicación no verbal ha variado al referirse a la cuestión de Cataluña, los indultos y también la violencia machista. Y es cuando han aflorado sus gestos más duros y se le han escapado micorexpresiones de ira y sobretodo de desprecio (en especial hacia Rivera). En general ha utilizado muy bien ambas manos al hablar, mostrado las palmas en señal de confianza y con gestos abiertos. Apretaba la mandíbula, en clara señal de contención, represión (intentando mantener el control)  sobretodo cuando Ciudadanos y PP incidían en el tema de los indultos.

 

ALBERT RIVERA

Desde el punto de vista gestual ha sido el más agresivo, el que ha realizado los movimientos corporales más expansivos y contundentes.Sin duda, el más combativo, el que ha interrumpido a sus contrincantes es más momentos. Sin embargo se ha servido en exceso de gráficos y de esa foto enmarcada de Torra y Sánchez de la que, en ocasiones ha estado demasiado pendiente, transmitiendo la imagen de estar más preocupado de colocarla para que se viera bien que de la respuesta de Sánchez al interpelarle. Los microgestos de ira y de desdén han marcado buena parte de su discurso. Su minuto final, excesivamente ensayado y estudiado,(incluso teatralizado) le ha restado congruencia a su discurso porque hablaba de escuchar “el silencio” cuando de fondo lo que se oía era una música…! Aunque eso sí, su mensaje corporal combativo (con esos puños cerrados al final) era coherentes con sus palabras y su eslogan de campaña: “Vamos”.

PABLO IGLESIAS

 

Su lenguaje corporal ha sido moderado. Sorprende que estuviera tan sosegado, evitando la confrontación, pese a ese ceño fruncido que le caracteriza (mezcla de ira y de concentración)  Lo hemos visto excesivamente relajado en algunos momentos, prácticamente siempre con la mano izquierda en el bolsillo, en la otra el boli (puede distraer al espectador), el pie apoyado en el atril y una postura poco erguida que ha  mermado contundencia al mensaje. Por cierto, que ha abusado de ese pequeño Libro de la  Constitución con el  que ha querido apoyar buena parte de su discurso.