Era la primera vez que dos artistas de origen latino- y además mujeres- pisaban juntas el escenario en la final de la SuperBowl, uno de los eventos que más atención despiertan a nivel mundial y no solo por el acontecimiento deportivo y los anuncios publicitarios millonarios sino también por el espectáculo musical que tiene lugar durante el descanso.

Su actuación, que muchos han comparado con un duelo de divas fue una demostración de poderío no verbal, de empoderamiento (esa palabra que ahora está tan de moda) femenino y energía desbordante. Y sí, también de mucho plano de trasero y caderas en constante movimiento que a más de uno le han sacado las órbitas de los ojos, todo sea por mantener bien alto el espectáculo televisivo!

Es obvio que desbordaron sensualidad con su estilismo y esos bailes casi imposibles de imitar por el resto de los mortales pero sobretodo, y desde el punto de vista comunicativo, sus posturas corporales y su lenguaje no verbal proyectaron una imagen de fuerza y seguridad en si mismas que traspasó la pantalla del televisor.

Piernas separadas y bien ancladas al suelo, brazos en altos, mentón elevado, rostro con una expresividad potente y cautivadora y una mirada a cámara retadora.

(Foto Angela Weiss / AFP)

Las investigaciones científicas en esta materia apuntan que realizar este tipo de gestos tiene una doble lectura: la impresión del que los observa es la de estar delante de alguien poderoso, mientras que quien los realiza no solo aumenta su seguridad y confianza en si mismo sino que incluso dispara en su cuerpo sus niveles de testosterona (hormona relacionada con el poder y la sensación de bienestar) y disminuye los del cortisol (vinculada al estrés)

Lo avanzaba la psicóloga socióloga Amy Cuddy y su colega Darna Carney hace años con su estudio en 2010 sobre las power posing en el que llega a la conclusión de que realizar poses poderosas, aunque solo sea por dos minutos altera la química del cuerpo, modifica cómo te ves a ti mismo (aumenta entre otras cosas tu autoestima y disminuye la aversión al riesgo) y cómo te ven los demás.

Aunque a su investigación le surgieron posteriormente voces como las de la profesora de la Universidad de Zurich, Eva Ranehill, que en 2015 cuestionó los resultados a nivel hormonal, lo cierto es que expandir el cuerpo, hinchar el pecho y/o elevar los brazos (al igual que hacen los ganadores en una competición atlética) nos hace ganar terreno, ocupar más espacio y sentirnos vencedores.

Todo lo contrario a cuando nos encorvamos, pegamos las extremidades superiores al tronco o nos encogemos. El cuerpo envía señales que el cerebro interpreta como impotencia, derrota, hastío y falta de convicción y actúa en consecuencia. Son posturas de sumisión. Ninguna forma parte del repertorio de las dos estrellas latinas y menos aún cuando se trata, como en esta ocasión, de erigirse en el adalid del poder latino. La actuación habla por sí sola.

 

El lenguaje corporal de Shakira y Jennifer López me ha recordado al de “Wonder Woman”. Y es que a la hora de proyectar seguridad y sentirnos confiados, nada mejor que ayudarnos de nuestra corporalidad y sobretodo creer en nosotros mismos. Eso sí, cuidado con imitar el juego de caderas que vimos en la SuperBowl; los resultados pueden ser catastróficos…

Por cierto, la de la Barranquilla también convirtió en viral un gesto con la lengua al que muchos atribuyeron una connotación sexual. Nada más lejos de la realidad. Pese a muchos comentarios que apuntan en esta dirección, se trata de un gesto  que utilizan las culturas árabes llamado “zaghrouta”, o “ululación” para expresan júbilo y alegría.