En un país en el que nadie dimite, la decisión de Albert Rivera le honra. Un discurso emotivo, congruente, en el que ha esbozado micro expresiones de enfado por los resultados electorales, alegría y orgullo y algo de desprecio -entendido como superioridad moral (al levantar unilateralmente la comisura labial)-, miradas cabizbajas combinadas con otras hacia arriba, hacia el cielo, cambios en su respiración, labios apretados y mucha contención emocional para no derrumbarse, sobretodo al final.  Ha sido cuando ha hablado de su familia: “La vida es mucho más que la política”- ha dichoantes de mencionar el tiempo robado a su hija, a sus padres, a su pareja.  Un ejercicio de sinceridad y congruencia, acompañado de un lenguaje no verbal, que aunque en ocasiones ha tratado de controlar, ha transmitido lo que realmente estaba sintiendo.